Mi finde ideal

IMG_0422

Mi finde ideal consistiría en: maromo trufi con barba y guapo*, me despierta digamos… un viernes cualquiera, con desayuno rico y una maleta hecha y me dice que nos vamos de finde chulindringuis a algún lugar sorpresa como una isla, con playas de aguas turquesas…o… un pueblecito costero… con playas de aguas turquesas…o… algún pueblo cerca de otro pueblo con playas de aguas turquesas… ves por dónde voy?

Inciso: en realidad lo que molaría aún más sería ir sin maleta y tener que comprar las cosas cuando llegues pero bueno, seamos realistas, vas a pasar un finde con maromo, hay poco tiempo, no te vas a estar por ahí de compras media tarde ni a gastar tanta pasta así que… me conformo con las cosas de mi armario… Maromo, si me lees… a no ser que me vayas a llevar a una playa nudista (en cuyo caso sería un detalle que me dieras pistas para ir depilada, que no hace falta asustar a nadie), asegúrate de que coges ropa del armario de la que no me hace chichas y que peguen unas cosas con otras… (no, si al final, la opción de ir de compras es la mejor, jajaja).

Bueno, yo sigo. Cogemos un avión (ya sé que cuando facturas te dicen el destino o lo pone en la pantallita pero en mi finde ideal yo no me entero y es sorpresa hasta que despega) y yo ya sueño con mi playa de aguas turquesas todo el camino y quiero mucho mucho al maromo por tener la idea (sin ningún tipo de presión) de llevarme de finde sorpresa por ahí.

Nos quedaremos en un hotel de esos con piscina y terraza en la habitación, nos traerán el desayuno por la mañana y lo tomaremos recién duchados con el pelo mojado al viento en la terraza con el albornoz blanco esponjosito del hotel mientras vemos de fondo la playa de aguas turquesas (y solitaria) en la que pasaremos el día poniéndonos el culo moreno y bañándonos entre risas tipo peli americana (yo te mojo, tu me mojas, uy que te salpico, ay tonto espera que el mojito se me llena de arena… esas cosas tan naturales de las pelis).

Yo iré con un bikini de delgadas que me esconda las lorzas y me haga pechotes y él con un bañador de esos rollo surfer – modernete rozando el límite en plan mírale que flipado pero sin llegar a serlo. Al salir del agua mi pelo quedará de un ondulado perfecto para la foto y el suyo… bueno el suyo siempre queda bien porque da mucho asco y es de estas personas que no necesita peinarse porque ha sido tocado por la gracia divina del rizo casual.

Por la noche iremos a un garito de esos rollo chill out en la playa tipo ibicenco, tomaremos mojitos (y no, repito NO me pondré como las Grecas solo con probarlo) y tendemos un bonito tono dorado después de todo el día que quedará perfecto en la foto de recuerdo que nos hagamos en las camas balinesas.

Cenaremos algo así rollo casual pero no, en un restaurante monín a la luz de las velas, algo exótico sin pasarse (y a pie de playa, claro, para el correspondiente paseo con helado nocturno con las olas de fondo… para ir al Burguer King a que me chorree el ketchup por la barbilla ya me quedo en Madrid) y no me mancharé el vestido blanco impoluto porque a) si es nuevo porque haya elegido la opción de las compras sería una pena y b) si me lo trae de casa, no se habrá amarilleado con la lavadora porque en mi finde ideal la lavadora me deja la ropa blanca y no grisacea ni amarillenta tipo arrastrada ni nada que haga que mi vestido no ondee perfecto al viento con mis ondas y mi sonrisa natural.

Luego iremos al hotel a foDORMIR toda la noche hasta el amanecer y al día siguiente básicamente será una réplica del día anterior solo que a media tarde habrá un mercadillo hippie en la playa (uno bonito de esos de pulseritas de madera y coco, de artesanos con rastas, no de los de he ido al chino a comprar 300 collares de “conchas” a 2 euros niña.. de esos no) y pasearemos y me comprará algo y yo fingiré que no me lo esperaba y sonreiremos mucho y nos querremos más y nos iremos al hotel otra vez a foPREPARARNOS para la cena casual de ese día.

¿Y el vuestro? ¿Cómo sería? Recordad que hablamos de un finde, no de unas vacaciones más largas porque en ese caso elegiría otros destintos… venga va, contádmelo por aquí abajo, que así lo mismo el maromo se inspira jajaja.

     * Es decir, como mi marido… guiño, guiño, codazo, codazo… no te sientas presionado a tener que llevarme ni nada jajaja

Y de repente tienes 30

cumple_2_una_chica_yeye

Un día te levantas, y de repente tienes 30. Tú ya sabías que esto se aproximaba y ya llevabas con la crisis muchos meses.

¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Es esto lo que quiero? ¿Seguro? ¿Dónde está mi maromo empotrador? ¿Y mi chalet? ¿Por qué no puedo vivir en San Francisco? ¿Y en Japón? ¿Llamar a mi niña Minty en España es muy friki? ¿La llamarán La Mentas en el cole?

Cuando digo crisis no me refiero a crisis de “uy que mayor me hago, menos días para morirme y aún no he hecho nada en la vida bla bla”, no. Que nadie se equivoque. Porque a mí me encanta cumplir años. A mí me encanta ver que pasa el tiempo y mirar atrás y ver que aunque no haya conseguido mil cosas que me había propuesto, he conseguido otras 300 y eso te hace ser quien eres ahora mismo. Y a mí me gusta ser como soy.

¿Que si cambiaría cosas? Claro, como todo el mundo. Me encantaría no ser tan lechosita, pesar 10 kg menos y estar en forma, no tener bigote y no ser tan cabezota. No tener este carácter de mierda y no tener crisis existenciales sobre qué quiero hacer con mi vida cada 2 x 3.

Pero también me encanta ser inconformista, me encanta que no me valga cualquier cosa, me encanta ser peleona y dar guerra cuando algo no me gusta, me encanta ser “sociablemente selectiva” como dice Bor o no parar de darle vueltas al coco con 200 ideas distintas cada semana.

Me encanta levantarme con él, me encanta vivir donde vivo aunque esté incomunicada, me encanta tener pocos amigos pero muy buenos, me encanta mi mundo interior y me encanta mi gata.

Así que sí, parece que los 30, con sus crisis y su todo, me gustan. Sigo con mi reto de aprender a patinar, empiezo otro al que llamaré “Mueve el culo” (o “Muévete”, que igual queda mejor), estoy a la caza y captura de unas prácticas de Marketing en un sitio no aburrido para mi curso, y parece que lo de montar en bici no se me ha olvidado después de 2 años.

Puede que no sepa dónde estaré en los próximos meses, si haré prácticas o si haré un máster de diseño de interiores, si seré finalmente Blancanieves en Disneyland París o si volveré a montar otra empresa.

Lo que sí sé, es que los 30 traerán muchas cosas buenas. Porque los 30 son los nuevos 20. Y síp, me gustan.

De cuando una oferta de trabajo es TU oferta

ensaladas

Hoy no vengo con una batallita, hoy vengo a hablar de las ofertas de trabajo (no porque esté en esa situación, no, es para una amiga… guiño, guiño, codazo, codazo).

Pero no de las ofertas de trabajo así en general. Ni de esas que mandas a diestro y siniestro porque ya no saber a donde más echar el CV y te da igual que te llamen de A o de B porque lo mismo da. No. Yo vengo a hablar de cuando esa oferta de trabajo es LA oferta, es TU oferta, estás hecha para ella 100% (o 500%, no limitemos) y… no te llaman.

Tú has seguido todos los pasos perfectamente, CV actualizado y totalmente adaptado para LA oferta, carta de motivación personalizadísima de folio y medio porque estás muy muy motivada y quieres que lo vean y que tienes muchas ganas, te has empollado su web, su blog, sus redes sociales… y esperas. Esperas esa llamada porque obviamente tú eres perfecta para ese puesto y ese trabajo es perfecto para ti, ¿qué mas se puede pedir? Cumples todos los requisitos que piden… pero el teléfono no suena.

Te has ido a depilar las cejas y el bigPELUSILLA para estar perfecta para la entrevista, hasta te has hecho las uñas vaya a ser que te llamen para que vayas ya y no te de tiempo, has ido de tiendas y te has hecho hasta los outfits mentales para tu nueva vida de oficinista moderna, estilosa y de éxito. Porque todos sabemos que el armario aunque no cierre, no está preparado para esta nueva etapa y hay que hacer una renovación total de estilo.

Ya te ves con el bote de lápices (bote cuqui, claro, no vale cualquiera) al lado de la pantalla del ordenador, un neceser en tu cajón (cuqui también) con pinturitas de emergencia por si te sale un evento o una reunión imprevista y hasta has pensado dar una vueltecilla por el stand de MAC para coger una barra de labios pintona (o 2, hay que tener variedad poder conjuntar).

Has breado a tu amiga durante toda la semana, “Tía, que no suena, llámame a ver si el teléfono funciona” (obviamente sí, funciona). Has actualizado la bandeja de entrada (y la de spam) como 200 veces al día (¡ya van 6!). Has escuchado pacientemente a tu amigo el que te dice “lo que tenga que ser, será” y a marido diciendo “te van a llamar, ya verás”. Pero de la llamada, ni rastro.

Luego están las que te dicen… “¿Y por qué no llamas para interesarte? Es bueno que vean que te interesas” Si, claro, ya. Yo siempre pienso que eso es dar la brasa, pero a pesar de ello, más de una vez he llamado a “interesarme” como dicen… y me ha ido fatal. Siempre he tenido la impresión de que les molesta que llames a preguntar y nunca me han llamado de esos sitios después. Así que esa opción está descartada.

De hecho hace 3 días te llamó un número desconocido y casi vomitas del ansia viva, y al descolgar ves que es Paqui, de Ford, que tienen la revisión del aceite en oferta. Y tú, con tus arcadas en vacío y recuperándote del síncope, consigues no mandarla a freír churros (habéis visto que paciencia y qué control de la situación?).

Ya no sabes si comerte las uñas, dar un paseo o ponerte gochaca a nachos. Mi opción es las tercera, por si teníais alguna duda…o algo. Ayer merendé algo así como medio kilo, pero no unos Doritos mojados en salsita y ya…no, no. Nachos con queso y tomate fundidos al horno con un cuenco gigante de guacamole. Y ahora estoy sentada en el sofá poniéndome hasta el culo de patatas fritas (sin salsa) y con el teléfono en la mano. Y luego nos preguntamos que por qué he engordado casi 10kg… yo creo que es por las ensaladas que ceno, el atún dicen que engorda muchísimo.

nachos con queso

Las palomitas

palomitas

Ya os dije el otro día que yo, lo que se dice ver, veo poquito.

Una de las ventajas de tener churri es que cuando vas a un sitio en el que hay que ver algo (localizar amigos en un bar, localizar tu sitio en el cine, ir por un sitio oscuro etc) puede ir delante y ahorrarte el momentazo de abrazar a alguien que no conoces confundiéndole con otra persona y chillarle en la cara cosas como “cariñooo cuánto tiempo!!!!” hasta que te das cuenta que cariño está encantado de conocerse porque una desconocida guapa y simpática como yo se le haya lanzado a los brazos así en frío (vaaaale me habéis pillado, ya me ha pasado… varias veces… listos, que sois unos listos).

Bien, pues como iba diciendo, yo procuro que cuando voy con alguien (principalmente marido), ese alguien vaya delante de mí en sitios públicos para ahorrarme estos momentos pero ese día se debieron alinear los planetas, Mercurio tapaba a Venus justo al tiempo que Júpiter daba la tercera vuelta a la derecha y entré yo primero.

Cine (otra vez, sí). Peli empezada o por lo menos la publi, pero vamos, que las luces estaban apagadas. Y yo iba sin gafas, claro.

Yo sin ver un mojón, subo las 2577 filas hasta la mía y voy en busca de mi asiento. Por supuesto, justo al lado del pasillo, una parejita encantadora que no te creas tú que encogen mucho las piernas para dejarme pasar.

Consigo dar 3 pasos sin sacarles un ojo con el abrigo, sin darles un bolsazo y sin caerme sentada en sus rodillas y de repente lo veo. Ahí, en medio del pasillo, un objeto pequeño, blanco, no identificado que me corta el paso.

Podía haber hecho 2 cosas, intentar saltarlo o darle una patada. Una podía haberme ahorrado el disgusto, la otra no. Adivinad cual fue la opción elegida.

Efectivamente, le di una patada. Y efectivamente eran las palomitas de a 7 € el cubo (ya sabéis los precios madrileños) de la parejita encantadora que lo habían dejado en medio del pasillo (hay que ser lerdos coño, ¿Quién deja su cubo de palomitas de 7 € ahí en medio? Cógelo alma de pollo, o como mucho déjalo pegado a tus pies, pero… ahí?).

A partir de ahí hubo una cadena de sonidos, un “ay!” (de los de dolor, de los sentidos, 7 €, recordad) del novio, un “ostia!” mío (muerta de vergüenza claro), un intento de no descojonarse de marido y una mirada de odio profundo de la novia, que seguro que planeaba en secreto darle las palomitas una a una al palomo con miradas de amor sincero y verdadero y le corté todo el rollo.

Marido dice que me hicieron vudú y que me odiaron mucho, porque seguro que llevaban 2 meses y medio ahorrando para poder ir al cine y comprarse su cubo de palomitas, y a pesar de que les ofrecí las mías 37 veces, no quisieron. Y por supuesto, siempre que encuentra a alguien que le quiera escuchar le cuenta la historieta de “mi mujer no ve un pijo, te sabes la de las palomitas del cine? jaja” (luego decimos de mí con la historia del chulito piscinas pero vamos, que aquí el amigo no pierde coba…).

palomitas

El día que me fui del cine… sin querer

unachicayeye-blog

Como no todo va a ser siempre reírse de las cosas de marido, empiezo el año con una batallita de esas que os gustan que me pasó en el cine (recordarme que otro día os cuente la de las palomitas, que con esa también os vais a reir) hace ya unos años.

Resulta que a mí, que me encanta Harry Potter (los libros, las pelis he de confesar que aunque las he visto todas no me gustan tanto, supongo que pasa siempre que lees el libro primero) y a marido que le hace gracia aunque no le mate, no nos perdíamos un estreno (cuando para ir al cine no hacía falta vender un riñón en el mercado negro). Ibamos casi todas las semanas a ver algo, sobre todo en invierno, y nos conocíamos la mitad de los cines de Madrid.

Esta vez, fuimos al Kinepolis (por si alguien no lo conoce, son unos cines gigantes con 25 salas y unas pantallas del morirse) a ver el estreno de alguna de las 467 películas de Harry Potter. Nos sentaron bastante arriba en la sala 25 que es la más grande de algo (diría de Europa pero lo mismo es de España y me decís alaaaa exageráaaaaa pero buenos os hacéis una idea, muy muy grande).

Aquí hago 2 incisos:

1) Yo bebo mucho agua. Eso significa que voy al baño N veces al día, directamente proporcionales a los litros que bebo (y creedme, son muchas, siempre me dicen “otra vez?” pues sí señora, otra vez, si usted solo bebiera agua en su vida como si no hubiera un mañana, también tendría que ir a arremangarse el refajo cada 2 x 3… no quiero ni imaginarme cómo será cuando llegue a la vejez, Conchita Velasco será una aficionada a mi lado).

2) No veo un cagao de lejos. Las lentillas me dan alergia (sí, ya he probado esas nuevas anti de todo y también he acabado en urgencias con conjuntivitis por vez 27) y no suelo llevar gafas. En realidad para conducir, para el cine o para ver cosas concretas (como a tu amiga cuando sales del metro y has quedado en un sitio concurrido) sí me las pongo, pero así de normal… no.

Bien, prosigo con la historia. Estábamos en el cine, en la fila 99 viendo Harry Potter (con gafas) y llevaba con ganas de hacer pis media película (y eso que yo muy previsora voy al baño antes de empezar para evitar estas necesidades pero como estas pelis son mas largas que un día sin pan, ya llegó un momento que o iba al baño o reventaba) y decidí hacer acopio de valor y bajar al baño.

Todos sabemos que en los cines buenos hay baño dentro de la sala, solo tienes que bajar hasta la pantalla y a la derecha o en el centro están los baños. Siempre. HE DICHO SIEMPRE.

Así que yo muy chulita, dejo mis gafas en mi bolso, el bolso al marido con el movil incuido (yo que soy un poco histérica y siempre que voy al baño me imagino que me quedo encerrada y entonces me llevo el movil pa porsi, para poder llamar a los bomberos o algo) y me bajo al baño. Bajo las escaleras, uno, dos, uno, dos (repetir 99 veces por lo menos, estábamos muy alto), todo oscurísimo, yo no veía un pijo, y por fin donde la pantalla veo una puerta de emergencia y digo… pues aquí va a estar el baño.

Pues no.

El parking. EL PUTO PARKING. Con sus coches, sus señores con chaleco amarillo dirigiendo la cola infernal pasa salir y un frío del copón porque debía ser invierno.

Se puede ser mas pardala? Por lo menos podrían tener baños ahí también… pero no. Manga corta, un frío y un pis del morirse, sin movil, sin bolso, sin la entrada del cine y sin nada.

Así que me tocó subirme otra vez hasta la entrada del cine, y explicarle a la tía de la entrada que soy tan fronteriza que me había salido al parking en lugar de ir al baño (la pobre chavala no daba crédito, yo creo que me miraba con pena y todo).

Cuando por fin volví a mi sala (acuérdate tu de dónde estabas sentada) me encuentro a marido descojonado porque el muy cabrón sí se había dado cuenta que me iba al parking y en vez de ir detrás de mí escaleras abajo para evitar el desastre dijo… uy es que me van a mirar, ya se dará cuenta… en fin. Mas tonta y nazco acelga.

Feliz 2015

unachicayeye-blog